Sí, ya podemos decir que la Navidad está aquí. Luces, villancicos, gastos, regalos, comilonas, reencuentros, aglomeraciones… Una época del año donde todos sacamos nuestra mejor cara para sentirnos más a gusto con nosotros mismos y con los demás.
Pero, un momento… ¿Por qué tenemos que asociar la Navidad con estar felices? La felicidad es un sentimiento que no puede forzarse por mucha publicidad de turrones o lotería que veamos. Y es que las fiestas navideñas son tan solo una elección de la sociedad occidental para mostrarnos alegres, sacar nuestra mejor versión y reunirnos con nuestros seres queridos. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta utopía. A la hora de la verdad, resulta ser un período difícil y negativo para muchas más personas de las que creemos. Así que, ¿qué ocurre si no te sientes feliz en Navidad? Nada, absolutamente nada. Y desde Nani Puertas Psicología vamos a contarte por qué es más habitual de lo que piensas.
La presión social en Navidad
Es cuanto menos paradójico que unas fechas en donde se habla de familia, amor, amistad, esperanza o diversión, también se asocien a tristeza, pérdidas, soledad, angustia, estrés… ¿Cómo es esto posible? La explicación es muy sencilla: nuestra sociedad y nuestra cultura nos han impuesto la creencia de vivir emociones positivas durante esta época del año. Esto nos genera una obligación rígida de cómo deberían ser las cosas que puede llegar incluso a bloquearnos e inmovilizarnos.
Son muchos los motivos por los que podemos sentir rechazo a estas fiestas: la ausencia de algún ser querido, el estar lejos de casa, el hecho de tener que trabajar, los gastos excesivos, las reuniones forzadas o simplemente porque no nos identificamos con el espíritu navideño socialmente impuesto. Sí eso lo unimos a la presión social, podemos experimentar sentimientos de desánimo y tristeza que incluso pueden ser el desencadenante de síntomas de depresión.
¿Cómo gestionar las emociones que florecen en Navidad?
Es normal que tu agenda se sature durante los meses de diciembre y enero, pero que este periodo esté cargado de eventos no implica que debas acudir a todos ellos. Medir racionalmente el grado de compromiso y el grado en el que te apetece ir, te ayudará a priorizar y a decidir dónde pones los límites.
En cuanto al tema de los regalos, es importante mantener la calma. No compres a lo loco y escoge de manera coherente en función de tu presupuesto y pensando en la persona a la que van dirigidos y no tanto en el valor económico. A veces una muestra de afecto sincera llena más que cualquier regalo material. Planifica los detalles con tiempo para evitar agobios de última hora y que aumenten los niveles de estrés.
Por lo que respecta a la nostalgia y añoranza hacia las personas queridas que ya no están, la lejanía de algún ser querido, las dificultades económicas, los problemas de salud, no tener pareja o hijos, entre otros… No te presiones. Olvida la imposición de lo que la Navidad debería ser. No puedes cambiar las circunstancias que escapan de tu control, pero sí puedes elegir cómo te enfrentas a ellas.
Si eres de esas personas a las que la Navidad le supone un mal trago y has intentado año tras año sobrellevarlas sin éxito, no dudes en contactar con nosotros. ¡Estaremos encantados de ayudarte con nuestra psicóloga en Cáceres!








